Este documento fue redactado como Trabajo de Fin de Máster para el Máster en Formación de Profesorado de Educación Secundaria Obligatoria y Bachillerato, Formación Profesional y Enseñanza de Idiomas, Especialidad de Matemáticas, Universidad Nacional de Educación a Distancia.

Durante el máster, hemos aprendido que la Unidad Didáctica es una unidad de acción docente fundamental. En la unidad didáctica confluyen el plan global de la asignatura y el ciclo, plasmados en la programación didáctica, y la acción docente del día a día, el temario a impartir, los ejercicios, actividades, y la evaluación.

Además, en distintas asignaturas hemos visto técnicas para la planificación, creación e impartición de la unidad didáctica. En algunas asignaturas conocíamos a los alumnos y su psicología, en otras métodos docentes y técnicas para la época actual, en la que la didáctica está cambiando por la globalización, las nuevas tecnologías, y el paso de una educación más bien propedéutica a una visión de la educación más holística, de formación del individuo.

En las asignaturas de especialidad repasábamos el temario y los contenidos, quizá olvidados, y también la forma de plantearlos, y cómo crear ejercicios y actividades.

Todo esto se combina para crear la unidad didáctica, pero, ¿cuál es el producto final? ¿Un montón de conocimientos y planes en la mente del docente? ¿Un conocimiento vago de las actuaciones a seguir y cómo encajan en el esquema global?

Cuando participé en las prácticas en el centro educativo, quizá por mi personalidad o mi manera de enseñar, o por el contexto con el que me encontré, necesitaba plasmar estos planes en algo concreto, un documento o serie de documentos que me sirvieran de guía. A falta de libro de texto, que quizá supla esta función a menudo, es habitual entre los docentes de matemáticas tener una colección de apuntes propios, en la que se marcan los contenidos y la manera de transmitirlos, así como otras actividades y ejercicios. Con el paso del tiempo, estos apuntes van adquiriendo cuerpo, e incorporando la experiencia personal del docente.

En mi caso, partí de los apuntes de mi profesor tutor en el centro de prácticas, apuntes curados ya a lo largo de varios años. Los grupos de los que estaba encargado mi tutor eran las matemáticas de 3º y 4º de la ESO, y para mi intervención activa elegimos los dos grupos de 4º, cada uno de unos treinta alumnos. La asignatura para ambos grupos era la misma, “Matemáticas Académicas” (orientadas a bachilleratos de ingeniería y ciencia). Todos los alumnos de este centro elegían esta opción en lugar de “Matemáticas Aplicadas” para no cerrarse puertas en el futuro, puesto que la elección viene muy condicionada por la futura elección de bachillerato o formación profesional. Esto significaba, sin embargo, que la diferencia de motivación y preparación entre los grupos era evidente, pero resultó más un problema de acción docente inmediata, en el aula y en el discurso, que de contenido o planificación. Al ir el temario sincronizado en ambos grupos (día arriba día abajo), podía desarrollar una única Unidad Didáctica de manera paralela en los dos, y en el calendario esta resultó ser la correspondiente a “Vectores en el Plano”.

Los apuntes de mi profesor tutor eran muy completos, y con ejercicios abundantes, pero eran muy personales suyos, y omitían mucho conocimiento que estaba en su cabeza pero no plasmado en ninguna parte. Además, no incorporaban las técnicas que yo había aprendido en el máster, ni mi estilo personal como docente, por lo que decidí sobre la marcha elaborar unos apuntes propios. Aunque esto no fue posible por completo durante las prácticas, quise acabar la tarea, y se convirtieron en el germen de este Trabajo de Fin de Máster.